
La noche del 22 de mayo de 2021, el volcán Nyiragongo entró en erupción sin dar a los habitantes de Goma tiempo para entender lo que estaba sucediendo. Pasaron menos de 40 minutos entre los primeros sismos anormales y la aparición de los flujos de lava, según los trabajos del Museo Real de África Central.
Esta rapidez, inusual incluso para un volcán tan monitoreado, plantea una cuestión fundamental sobre la capacidad de los dispositivos de alerta para proteger una ciudad de más de un millón de personas.
Nyiragongo: un magma almacenado a poca profundidad que cambia las reglas del juego
La mayoría de los artículos dedicados al Nyiragongo recuerdan su pertenencia al Rift este-africano y la excepcional fluidez de su lava. Estos elementos son conocidos desde hace décadas. Lo que se conoce menos es el mecanismo preciso que desencadenó la erupción de 2021.
Un estudio publicado en 2025 en el Journal of Volcanology and Geothermal Research describe un cambio de estrés de aproximadamente 10,5 MPa como factor directo del desencadenamiento. Concretamente, los investigadores observaron un aumento significativo de los valores de b-sísmicos (un indicador de micro-fracturas provocadas por el ascenso del magma), seguido de una caída brusca justo antes y durante la erupción.
Este escenario traduce un paso rápido de la acumulación de tensiones mecánicas a su liberación repentina. El magma ya estaba almacenado a muy poca profundidad, lo que explica la ausencia casi total de señales precursoras clásicas. Para los sismólogos, este tipo de configuración hace que la previsión sea extremadamente difícil, ya que los modelos tradicionales se basan en semanas, incluso meses, de anomalías detectables.
Los informes de campo divergen en este punto: algunos volcanólogos locales afirman haber notado señales débiles en los días anteriores, mientras que otros estiman que los datos disponibles no permitían concluir que una erupción era inminente. Esta incertidumbre alimenta un debate científico que supera con creces el caso del Nyiragongo.
Observatorio Volcanológico de Goma: vigilancia bajo presión
Para entender la erupción del volcán Nyiragongo en Congo, también es necesario examinar las condiciones en las que trabajaba el Observatorio Volcanológico de Goma (OVG) en el momento de los hechos.
El OVG sufría de un subfinanciamiento crónico antes de la erupción de 2021. Varias de sus estaciones sísmicas estaban fuera de servicio, por falta de mantenimiento o piezas de repuesto. El contexto de seguridad en el Norte de Kivu, marcado por la presencia de grupos armados en las zonas cercanas al volcán, también complicaba el acceso a los equipos de campo.
El Banco Mundial había financiado una parte de las estaciones de vigilancia. Después de la erupción de 2002, el observatorio había recibido un aumento de atención internacional, pero este apoyo se redujo gradualmente a lo largo de los años. En 2021, el observatorio funcionaba con recursos muy por debajo de los estándares necesarios para un volcán de esta peligrosidad.
Este déficit de vigilancia tuvo consecuencias directas en la cadena de alerta. Los fallos en cadena, documentados por varios medios después de la catástrofe, muestran que el problema no era únicamente técnico, sino también institucional, relacionado con las tensiones entre el gobierno central de la RDC, las autoridades provinciales y los socios internacionales.

Impactos de la erupción en la población de Goma y del Norte de Kivu
El flujo de lava se desbordó al noreste de Goma, destruyendo a su paso viviendas, infraestructuras escolares y el principal reservorio de agua de la ciudad. Las cifras reportadas por UNICEF permiten medir la magnitud de los daños:
- Más de 3,500 casas destruidas, así como 7 escuelas y 4 centros de salud, según la evaluación de campo realizada al día siguiente de la erupción.
- Alrededor de 234,000 personas desplazadas en los días siguientes, principalmente hacia Sake, Minova y Rutshuru, al este de Goma.
- Casi 200,000 personas privadas de acceso a agua potable, en una ciudad ya debilitada por epidemias recurrentes (cólera, sarampión).
El desplazamiento masivo de población se sumó a una crisis humanitaria preexistente. El Norte de Kivu ya albergaba a cientos de miles de desplazados internos relacionados con el conflicto armado. La erupción agravó la presión sobre sitios de alojamiento saturados y servicios de salud al borde del colapso.
UNICEF desplegó su mecanismo de respuesta rápida en Sake para distribuir artículos de emergencia (baldes, bidones, artículos de higiene, agua potable). La respuesta humanitaria fue rápida, pero puso de relieve la dependencia de Goma de la ayuda internacional para necesidades tan fundamentales como el acceso al agua.
Testimonios y crisis de comunicación tras la erupción del Nyiragongo
Varios testimonios recogidos después de la erupción describen una escena común: familias despertadas en plena noche por luces rojas y temblores, sin instrucciones oficiales de evacuación. El JRS (Jesuit Refugee Service) ha documentado las dificultades que enfrentaron las familias en los días siguientes, entre la pérdida de vivienda, separación de seres queridos y ausencia total de referencias.
La comunicación entre el OVG, las autoridades locales y la población ha sido objeto de críticas severas. Los canales de alerta temprana, cuando existían, no funcionaron de manera coordinada. Algunos habitantes se enteraron de la erupción a través de las redes sociales o por la simple observación del cielo, no por un mensaje oficial.
Esta falta de comunicación no es exclusiva de 2021. Durante la erupción de 2002, que destruyó parte del centro de la ciudad de Goma, se identificaron lagunas similares. Los datos disponibles no permiten concluir que se hayan realizado avances estructurales significativos entre los dos eventos en este aspecto específico.

Riesgo volcánico en Goma: una amenaza que sigue activa
El Nyiragongo mantiene permanentemente un lago de lava en su cráter, uno de los pocos en el mundo junto con los de Erta Ale en Etiopía y Erebus en la Antártida. Este lago de lava es un indicador de alimentación magmática continua, lo que significa que el riesgo de una nueva erupción no es hipotético, sino estructural.
La proximidad inmediata de Goma, cuya urbanización se ha extendido hacia las laderas del volcán a lo largo de las décadas, amplifica la vulnerabilidad. A diferencia de otros volcanes peligrosos situados en áreas poco pobladas, el Nyiragongo amenaza directamente a una aglomeración densa, en un contexto de conflicto armado que limita las capacidades de evacuación.
Los datos del estudio de 2025 sobre el almacenamiento magmático a poca profundidad refuerzan una conclusión: el Nyiragongo puede entrar en erupción con muy pocas señales precursoras. Mientras el observatorio no disponga de una red de vigilancia densa, financiada de manera sostenible e independiente de los vaivenes de seguridad, la población de Goma seguirá expuesta a un riesgo que la ciencia sabe describir pero que aún no puede anticipar con fiabilidad.